Cómo cuidar tus pulmones en verano
La época estival se asocia a vacaciones, viajes, playa y actividades al aire libre, pero también puede traer consigo algunos retos, especialmente para las personas que viven con patologías respiratorias.
Altas temperaturas, olas de calor, el polen o los cambios bruscos de temperatura provocados por el aire acondicionado pueden influir en la respiración y aumentar el riesgo de sufrir una exacerbación y hospitalización en caso de enfermedades como asma o EPOC. [1]
Durante el verano, el organismo necesita hacer un sobreesfuerzo para enfriarse. Esto aumenta el riesgo de agotamiento por calor y golpe de calor y somete a mayor estrés al corazón y a los riñones. En consecuencia, aparte de las enfermedades respiratorias, las temperaturas extremas también pueden agravar los riesgos para la salud asociados a enfermedades crónicas cardiovasculares, mentales y relacionadas con la diabetes y provocar una lesión renal aguda. [2]
La buena noticia es que, con una pequeña planificación y la adopción de algunos hábitos de autocuidado, es posible disfrutar del verano con mayor seguridad. Todo ello sin renunciar a las vacaciones, previniendo situaciones que pueden afectar a los pulmones y sabiendo cómo actuar.
Estas recomendaciones están especialmente dirigidas a personas con patologías respiratorias crónicas y también para todos aquellos que quieran cuidar su salud respiratoria.
1. Mantén una buena hidratación
El calor aumenta la pérdida de líquidos a través del sudor y de la respiración. Si no se reponen adecuadamente, puede aparecer la deshidratación.
Una hidratación insuficiente favorece que las secreciones respiratorias se vuelvan más espesas y difíciles de expulsar. Esto puede aumentar la sensación de congestión y dificultar la respiración en algunas personas con enfermedades respiratorias crónicas.
Procura beber agua de forma regular a lo largo del día, incluso sin tener sed. Incluye en tu dieta alimentos ricos en agua, como sandía, melón, pepino, tomate o caldos.
Si tu médico te ha indicado restringir la ingesta de líquidos por una enfermedad cardíaca o renal, sigue siempre sus recomendaciones.
Aparte de beber agua, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también recomienda hidratarse con duchas o baños fríos. Si no estás en casa, mójate la piel con un paño húmedo o utilizando un aerosol o ropa mojada. [2]
2. Evita las horas de más calor
Durante las olas de calor, el organismo necesita realizar un esfuerzo adicional para mantener su temperatura corporal.
Siempre que sea posible, evita permanecer al aire libre entre las 12 y las 18 horas, especialmente si realizas una actividad física o padeces una enfermedad respiratoria. [2]
Si necesitas salir, utiliza ropa ligera, hidrátate y descansa con frecuencia. Si es posible, busca zonas de sombra. Recuerda que la temperatura que se percibe al sol puede ser de 10 a 15 ˚C más alta.[2]
Si es posible, pasa de dos a tres horas al día en un lugar fresco.[2] Si es necesario, consulta la red de refugios climáticos del Ministerio para la Transición Ecológica.
3. Consulta la calidad del aire antes de salir
La temperatura es importante pero también la calidad del aire. En verano aumentan los niveles de ozono troposférico causado por las elevadas concentraciones de partículas procedentes de incendios forestales o episodios de contaminación en combinación con el calor.
La presencia de gases contaminantes puede causar problemas respiratorios, desencadenar asma, reducir la función pulmonar y contribuir al agravamiento de las patologías cardiovasculares.[3]
Consultar diariamente el índice de calidad del aire puede ayudarte a decidir cuál es el mejor momento para salir a caminar o practicar actividad física. Si la calidad del aire es desfavorable, es preferible limitar el tiempo al aire libre.
4. Sigue tu tratamiento en vacaciones
Uno de los errores más frecuentes durante el verano es relajar la rutina del tratamiento.
Aunque los síntomas mejoren, es muy importante seguir con regularidad el tratamiento que te ha prescrito tu médico. Nunca suspendas tu terapia de CPAP, oxigenoterapia, inhaladores o cualquier otra medicación sin consultar previamente con tu profesional sanitario.
Mantener una buena adherencia ayuda a prevenir exacerbaciones y a mantener estable la enfermedad.[4]
5. Lleva siempre tu medicación contigo
Si vas a viajar, prepara con antelación todo lo que puedas necesitar:
- Medicación habitual.
- Inhalador de rescate.
- CPAP y accesorios.
- Equipos de oxigenoterapia.
- Copia de informes médicos y recetas.
- Comprueba que dispones de suficiente medicación para toda la duración del viaje, revisa el funcionamiento de la CPAP o del equipo de oxigenoterapia.
Si viajas con avión, es muy importante que realices los trámites con la compañía aérea con antelación. Durante el viaje, es recomendable llevar la medicación y tu equipo en el equipaje de mano.
6. Protege tus equipos del calor
Las altas temperaturas también pueden afectar a los equipos de terapia respiratoria.
No dejes concentradores portátiles, baterías, inhaladores o medicamentos dentro del coche durante varias horas ni expuestos al sol.
Consulta siempre las recomendaciones de seguridad del fabricante incluidas en el equipo.
7. Mantén los equipos limpios
El verano favorece la proliferación de microorganismos cuando los equipos no se limpian correctamente.
La mascarilla de la CPAP, las gafas nasales, los humidificadores y otros accesorios deben limpiarse siguiendo las indicaciones de tu equipo asistencial.
Una correcta higiene te ayudará a evitar situaciones como la dermatitis, reacciones alérgicas, seborrea, infecciones respiratorias, úlceras por presión y/o irritaciones.[5]
8. Utiliza el aire acondicionado con sentido común
El aire acondicionado puede ayudar a mantener una temperatura confortable, pero es importante tener en cuenta algunas medidas:
- Evita el flujo de aire directamente hacia la cara y procura que la diferencia entre la temperatura interior y la exterior no sea excesiva.
- Recuerda limpiar periódicamente los filtros para evitar la acumulación de polvo y otros alérgenos.
- Ajusta el termostato a 27 ˚C y enciende un ventilador eléctrico. De ese modo, la sensación de calor en la habitación será 4 ˚C más baja y podrás ahorrar hasta un 70% en la factura de electricidad por consumo del aire acondicionado.[2]
9. Mantente físicamente activo, pero adaptada
La actividad física sigue siendo recomendable durante el verano, incluso para personas con enfermedades respiratorias. La clave está en adaptar el grado de intensidad y el horario.
Caminar a primera hora de la mañana o al anochecer suele ser una buena opción cuando las temperaturas son más suaves. IMPORTANTE Si notas más dificultad para respirar de lo habitual, detente y consulta con tu profesional sanitario.
10. Aprende a reconocer las señales de alarma
Durante el verano conviene vigilar cualquier cambio en los síntomas habituales.
Llama a urgencias si aparecen las siguientes señales de golpe de calor: [6]
- Temperatura corporal elevada: 40ºC o superior.
- Cambios en el estado mental o el comportamiento. Confusión, agitación, arrastrar el habla, irritabilidad, delirio, convulsiones, etc.
- Cambios en la sudoración. En el golpe de calor por factores climáticos, la piel está caliente y seca al tacto. En el golpe de calor causado por ejercicio intenso, la sudoración puede ser profusa.
- Náuseas y vómitos.
- Enrojecimiento de la piel a medida que aumenta la temperatura corporal.
- Respiración acelerada y superficial.
- Ritmo cardíaco elevado. El pulso puede aumentar considerablemente, ya que el corazón debe trabajar más para ayudar a enfriar el cuerpo.
- Dolor de cabeza.
Una actuación precoz puede evitar complicaciones y reducir el riesgo de hospitalización. Si no se trata rápidamente, el golpe de calor puede dañar rápidamente el cerebro, el corazón, los riñones y los músculos. [6]
Vivir con una enfermedad respiratoria implica mucho más que seguir una medicación. La hidratación, la actividad física adaptada, la alimentación equilibrada, el descanso y la prevención frente a los factores climáticos o la contaminación también desempeñan un papel importante en el control de la enfermedad…también en vacaciones.
Recuerda que cada persona es diferente. Si tienes dudas sobre cómo adaptar tu tratamiento, tu actividad física o tus hábitos durante el verano, consulta siempre con tu profesional sanitario de referencia y obtén recomendaciones personalizadas según tu enfermedad y tus necesidades.
Resumen
El verano puede suponer un reto para las personas con enfermedades respiratorias debido al calor, la contaminación, las altas concentraciones de ozono troposférico y los cambios bruscos de temperatura. Adoptar unas sencillas medidas de autocuidado permite reducir el riesgo de complicaciones y disfrutar de esta época del año con mayor tranquilidad.
En este artículo encontrarás 10 recomendaciones prácticas para proteger tu salud respiratoria durante los meses de verano. Desde mantener una buena hidratación, evitar las horas de más calor o consultar la calidad del aire hasta reconocer los signos de alarma. Estos pequeños hábitos que pueden ayudarte a respirar mejor y a prevenir exacerbaciones si convives con EPOC, asma, apnea del sueño u otras enfermedades respiratorias.
FAQs
Durante el verano es recomendable mantener una buena hidratación, evitar la exposición al calor en las horas centrales del día, consultar la calidad del aire antes de realizar actividades al aire libre y seguir correctamente el tratamiento prescrito. Además, si utilizas CPAP u oxigenoterapia, es importante mantener los equipos limpios y protegerlos de las altas temperaturas.
Las altas temperaturas, las olas de calor, el aumento del ozono troposférico, la contaminación y el humo de los incendios forestales pueden irritar las vías respiratorias y favorecer la aparición de exacerbaciones. Estos factores pueden aumentar la dificultad para respirar, la tos o la sensación de fatiga, especialmente en personas con enfermedades respiratorias crónicas.
Si utilizas CPAP, oxigenoterapia u otro tratamiento respiratorio, planifica el viaje con antelación. Lleva suficiente medicación para toda la estancia, el inhalador de rescate, los accesorios de tu equipo, baterías si utilizas dispositivos portátiles y una copia de los informes médicos. Revisar el funcionamiento del equipo antes de salir puede ayudarte a evitar imprevistos y disfrutar del viaje con mayor seguridad.
[1] SEPAR Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. El calor intenso aumenta las exacerbaciones en el asma, las hospitalizaciones y muertes por EPOC e impacta negativamente en la evolución de las bronquiectasias (2026). Enlace
[2] OMS Heat and health (2026). Enlace
[3] Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) (2026). Ground-level ozone and health effects. Enlace
[4] EPOC España Asociación Española de Pacientes y Cuidadores de EPOC. Adherencia a tratamientos. Enlace
[5] Nippon Sanso Homecare. Cuidando bien mi equipo de CPAP, BIPAP o nebulizador, cuido mi salud (2022). Enlace