Deshidratación y salud respiratoria
La deshidratación suele ir asociada con la sed, el cansancio o los mareos. Además, mantener una buena hidratación también es muy importante para el funcionamiento del organismo.
Beber suficiente agua ayuda a regular la temperatura corporal, eliminar desechos y lubricar las articulaciones. También contribuye a que la mucosidad sea más fluida, facilitando así su eliminación. Esto es especialmente importante en personas que viven con patologías respiratorias crónicas como EPOC, bronquiectasias o asma. [1]
La deshidratación significa que el organismo no tiene suficiente líquido para funcionar correctamente. Algunas de las consecuencias son: Estreñimiento, desequilibrios electrolíticos, problemas renales y pérdida del equilibrio. En caso de deshidratación grave, puede requerir hospitalización e incluso provocar la muerte. [1]
La hidratación por sí sola no sustituye los tratamientos respiratorios ni elimina el exceso de moco, sí puede ser de gran ayuda para que respirar resulte más cómodo y para reducir algunas de las molestias asociadas a las enfermedades respiratorias crónicas.
Mucosidad y salud pulmonar
La mucosidad cumple una función imprescindible. Recubre el interior de las vías respiratorias y actúa como una barrera protectora capaz de atrapar polvo, alérgenos, bacterias, virus y otras partículas antes de que alcancen los pulmones.
Una vez retenidas, los cilios, pequeñas vellosidades microscópicas, desplazan el moco lentamente hacia la garganta, donde puede eliminarse de forma natural mediante la tos o la deglución. Este proceso, conocido como aclaramiento mucociliar, constituye uno de los principales mecanismos de protección y autolimpieza del aparato respiratorio.[2]
Lo que sucede cuando nos deshidratamos
El organismo pierde agua continuamente a través de la respiración, el sudor y la orina. Cuando estas pérdidas no se compensan con una ingesta adecuada de líquidos, aparece la deshidratación.
La deshidratación afecta a casi todos los órganos, y los pulmones no son una excepción. No ingerir suficientes líquidos puede repercutir en su capacidad para respirar profundamente y provocar una dificultad respiratoria considerable si sufre una deshidratación grave.[3]
Esto es debido a que se pueden desencadenar alteraciones en el organismo que dificulten la respiración, como son la disminución del volumen de líquidos corporales y el desequilibrio del metabolismo. [3]
Cuando la pérdida de líquidos es importante, puede producirse una bajada de la presión arterial (hipotensión). En esta situación, el corazón debe trabajar con mayor esfuerzo para mantener el flujo sanguíneo. Esto puede provocar síntomas como dificultad para respirar, aumento de la frecuencia cardíaca, mareos, confusión o náuseas. [3]
En los casos más graves, la deshidratación también puede favorecer la aparición de acidosis láctica. Esta alteración es debida a la acumulación de ácido láctico en el organismo. Puede manifestarse a través de respiración rápida o sensación de falta de aire, además de otros síntomas como calambres musculares o debilidad generalizada. Aunque es poco frecuente, requiere valoración médica inmediata. [3]
En las personas con enfermedades respiratorias, no beber suficiente agua puede favorecer que las secreciones se vuelvan más densas y viscosas. Como consecuencia, resulta más difícil expulsarlas mediante la tos y pueden acumularse en las vías respiratorias, [1] aumentando el esfuerzo necesario para eliminarlas. En este contexto, la respiración puede hacerse más difícil, especialmente durante una infección respiratoria o en episodios de calor intenso.
El calor y otros factores de riesgo
Durante los meses de verano, el organismo pierde más agua y minerales a través del sudor con el objetivo de mantener estable la temperatura corporal. [4]
Si no se reponen adecuadamente esos líquidos, el riesgo de deshidratación puede aumentar. Además, otros factores como el aire acondicionado, los ambientes muy secos y algunas actividades al aire libre pueden favorecer una mayor sensación de sequedad en nariz, garganta y vías respiratorias.
Otras causas son: [5]
- Fiebre. En general, cuanto más alta es la fiebre, más grave puede ser la deshidratación. El problema se agrava cuando la fiebre va acompañada de diarrea y vómitos.
- Diabetes. La diabetes no diagnosticada o no controlada también puede provocar deshidratación.
- Medicación. Ciertos medicamentos pueden aumentar la producción de orina, que podría provocar la deshidratación. Entre ellos se incluyen las pastillas para eliminar líquidos (diuréticos) y alguna medicación para la presión arterial.
En este contexto, las personas con enfermedades respiratorias deben prestar una atención extra a su hidratación, especialmente durante las olas de calor.
Señales que conviene vigilar
En el caso de las personas adultas, algunas manifestaciones pueden indicar que el organismo necesita más líquidos: [1][5]
- Sed intensa.
- Boca seca.
- Labios agrietados.
- Orina escasa o de color oscuro.
- Mareos.
- Dolor de cabeza.
- Cansancio.
- Mayor dificultad para expulsar las secreciones.
- La piel no vuelve a su posición original de inmediato tras ser pellizcada.
Si aparecen síntomas más intensos como elevada frecuencia cardíaca, fiebre alta, diarrea durante más de 24h, confusión, dificultad para caminar o imposibilidad para beber líquidos, es importante buscar atención médica de forma urgente. [5]
¿Cuánta agua hay que beber?
No existe una cantidad estándar para todas las personas. Las necesidades de líquidos dependen de la edad, el clima, la actividad física, el estado de salud y la medicación que tome cada persona.
En personas con EPOC que no presentan restricciones médicas de líquidos, algunos centros especializados recomiendan repartir la ingesta de agua a lo largo del día y evitar esperar a tener sed para beber. No obstante, quienes padecen insuficiencia cardíaca, enfermedad renal u otras patologías que obligan a limitar la ingesta de líquidos deben seguir siempre las indicaciones de su profesional sanitario de referencia.[1]
Recomendaciones fáciles para hidratarse
Incorporar pequeños hábitos puede marcar la diferencia:
- Bebe agua de forma regular durante todo el día.
- Lleva siempre una botella con agua cuando salgas de casa.
- Aumenta la ingesta de líquidos si hace mucho calor o sudas más de lo habitual.
- Incluye alimentos ricos en agua, como sandía, melón, pepino, tomate o caldos.
- Limita el consumo excesivo de bebidas con cafeína o alcohol, ya que pueden favorecer la pérdida de líquidos en algunas personas.
- Mantén la vivienda fresca durante los días de altas temperaturas.
Si utilizas oxigenoterapia o CPAP
Las personas que reciben oxigenoterapia o utilizan CPAP pueden notar mayor sequedad nasal o de garganta, especialmente en ambientes secos o durante el verano.
En estos casos conviene mantener una hidratación adecuada, revisar el correcto funcionamiento del humidificador cuando forme parte del tratamiento y consultar con el equipo de Nippon Sanso Homecare si aparece sequedad intensa o dificultad para eliminar las secreciones.
Recuerda que nunca debes modificar el tratamiento sin la autorización de tu médico y que la información de este artículo no reemplaza, sino que complementa la relación entre el profesional de salud y su paciente. En caso de duda, debes consultar con tu profesional de salud de referencia.
Más información
Cómo hidratarse bien en verano cuando vives con FPI. Enlace
¿Cómo afecta el calor a las personas con afecciones respiratorias? Enlace
Resumen
Mantener una hidratación adecuada es un pilar fundamental para la salud general, pero resulta especialmente crítico en personas con patologías respiratorias crónicas como la EPOC, el asma o las bronquiectasias.
El agua permite que el aclaramiento mucociliar (el sistema natural de autolimpieza del pulmón) funcione correctamente. Cuando el organismo se deshidrata, la mucosidad se vuelve más densa y viscosa, dificultando su expulsión mediante la tos, aumentando el esfuerzo respiratorio y favoreciendo la acumulación de secreciones. Además, la deshidratación severa puede provocar caídas de tensión arterial, aumento de la frecuencia cardíaca o acidosis láctica, agravando la sensación de falta de aire (disnea).
Factores como el calor de verano, la fiebre, los ambientes secos (o el uso de aire acondicionado) y el consumo de ciertos medicamentos (como los diuréticos) aumentan el riesgo de perder líquidos. Aunque beber suficiente agua no sustituye los tratamientos médicos, ayuda a que la respiración sea más cómoda y fluida.
FAQs
El agua ayuda a disolver la mucosidad que recubre las vías respiratorias para que sea fluida. Si no te hidratas bien, ese moco se vuelve espeso, espeso y pegajoso. Esto dificulta que los pequeños cilios (las vellosidades de tus pulmones) puedan moverlo hacia afuera y hace que tengas que toser con más fuerza para despejar la garganta, aumentando el cansancio y la sensación de ahogo.
El flujo continuo de aire de los equipos de CPAP o la administración de oxígeno pueden resecar las mucosas de la nariz y la garganta, especialmente durante los meses más cálidos o en ambientes secos. Para combatirlo, es crucial mantener un buen nivel de ingesta de agua a lo largo del día y verificar el estado y uso del humidificador integrado en tu equipo (si lo tiene).
No existe una cifra estándar. Aunque la regla general para pacientes con EPOC o asma es beber líquidos de forma regular repartidos a lo largo del día (sin esperar a tener sed), debes consultar con tu médico de referencia antes de fijar una cantidad. Si además padeces de insuficiencia cardíaca, enfermedad renal u otra patología con restricción de líquidos, es obligatorio seguir estrictamente la pauta que te haya marcado tu médico.
Si observas señales graves como respiración muy rápida, pulso acelerado, fiebre alta, mareos persistentes o imposibilidad para retener líquidos, busca atención médica de urgencia inmediatamente. Nunca modifiques tus pautas de hidratación ni tu tratamiento médico sin la autorización de tus profesionales de salud.
[1] University of Maryland Baltimore Washington Medical Center. Avoiding Dehydration with COPD. Enlace
[2] Villar, F. Jareño, J. Álvarez-Sala, R. Patología respiratoria: Manual de procedimientos de diagnóstico y control. Neumomadrid (2007). Enlace
[3] Johnson, T. Dehydration and Your Lung Health (2022). Healthline. Enlace
[4] Quirón Salud. Hidratación en verano, ¿cuánta agua necesitamos realmente? ¿Qué señales alertan de que el calor nos está afectando? (2026) Enlace